El Canto De Las Sirenas

Por: Efraín Gallardo

La determinación en el ser humano no siempre tiene las bases tan sólidas como para cristalizar determinada acción o proyecto en su vida, lo mismo en el plano personal, emotivo o sentimental incluso en el laboral.

Las dudas y los temores están presentes casi en la mayoría de las veces y en ocasiones se requiere de algún apoyo, consejo u opinión, la cual no siempre se solicita a expertos y es aquí precisamente donde muchos proyectos se quedan a medio camino o no se concretan  por escuchar “Los cantos de las sirenas”, esas voces como en la historia mitológicas que cuentan que las sirenas en el mar “encantan” a los viajeros con sus cantos para perderlos en el mar.

Pues en la vida real ocurre también de manera metafórica, pues muchas veces se decide hacer caso a comentarios, sugerencias o ideas, que en ocasiones, aunque no siempre, no nos permitirán lleva r a buen puerto nuestros proyectos.

Pero ,¿cómo y porqué ocurre esto?. A veces es por ignorancia o desconocimiento de las personas a quienes pedimos consejo o apoyo, pero  en muchas de las ocasiones son motivos de competencias o “envidia de la buena”, que aunque suene  medio raro este término, yo no le doy crédito alguno, porque envidia es envidia y punto, no existe envidia de la buena.

Aquí el problema será definitivamente nuestro propio criterio para colocar en una balanza los elementos y tener la sabiduría, el entendimiento y el discernimiento para poder detectar si tenemos elementos suficientes como para correr riesgos en tal o cual proyecto y poder sacarlo adelante.

De cualquier manera, independientemente de estos “cantos de las sirenas”, existen muchos factores externos que provocan o influyen para que determinados proyectos, sobre todo profesionales, puedan concretarse y obtener dividendos de los mismos. El terreno laboral es el que tiene mayor impacto puesto que el   personal o sentimental tiene otros aspectos menos complicados para tomar decisiones.

Es común comentarle a conocidos o amistades que tienes la intención de poner equis tipo de negocio y empiezan las opiniones divididas: Que si ese tipo de negocio está muy choteado, que si hay mucha competencia en ese ramo, que si el dólar está muy caro, que si   los productos pasan de moda muy rápido, que si la crisis económica…un sinfín de comentarios negativos que no ayudan en nada  en la mayoría de los casos, para animarte a emprender. Y estos comentarios no solo vienen de amigos sino muchas veces incluso también de la propia familia.

Y son esas voces quienes si por alguna razón te animas a hacer el proyecto y no funciona por algún a circunstancias no se tentaran el corazón para decirte: “ te lo dije”.

Considero que cada uno de nosotros deberíamos correr nuestros propios riesgos, a sabiendas de dichos como el de que Roma no se hizo en un día, o que los grandes empresarios o hasta inventores tuvieron que intentarlo un sinfín de veces hasta ver concretado  la idea o el negocio o proyecto.

 Creo que esos ejemplos de perseverancia y de luchas constantes podrían servir de mejor manera y estar muy atentos para  poner oídos sordos a esos “cantos de sirenas”, que jamás dejarán de escucharse , las cuales no nos permitirán correr esos riesgos naturales en la búsqueda de mejores alternativas para una vida mejor.

Y como ya es tradicional en estas  reflexiones, incluyo ahora dos historias de sabiduría alusivas al tema y que en esta ocasión  una se titula  “La bailarina”  y la otra,  “La Ranita”.

 LA BAILARINA

Una joven tomó clases de ballet durante su infancia y decidió que era el momento de convertir su pasatiempo en profesión. Deseaba ser la mejor bailarina, pero para ello tenía que demostrar su talento. Cuando llegó a la ciudad donde se realizarían las evaluaciones de ballet fue a los camerinos al terminar la función  , y habló con el director diciéndole:

Quisiera llegar a ser una gran bailarina pero no sé si tengo el talento necesario.

Dame una demostración - , le dijo el maestro.

Trascurridos apenas 5 minutos la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación, dijo: - No, no tiene lo necesario para ser una bailarina -. La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en su armario y no volvió a usarlas  ;se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores, tomó un empleo de  cajera en un supermercado.

Años después asistió a una función de ballet y en la salida se topó con el viejo director que ya era octagenario, ella le recordó la charla que habían tenido años antes, le mostró  fotografías de sus hijos y le comentó sobre su trabajo en el supermercado, luego agregó: - Hay algo que nunca he terminado de entender. ¿ Cómo supo tan rápido que no tenía dones de bailarina ? -. El director contestó: - No lo supe, tan sólo le dije lo mismo que le digo a todas -. - ¡Pero eso es imperdonable! – Exclamó ella , - ¡arruinó mi vida, pude haber sido la mejor bailarina! – Y el viejo maestro le dijo: - No lo creo . Si hubieras tenido las dotes necesarias , y una verdadera vocación para bailar no habrías prestado ninguna atención a lo que yo dije - … Sin duda , si alguién se cree perdido , está perdido y si cree que no puede , pues no podrá. En la vida no sólo el valiente o el veloz triunfa , tarde o temprano quien vence es el que cree que es posible .

LA RANITA 

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.

Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. 

Cuando vieron cuán hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas. 

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. 

Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo. Cuando salió, las otras ranas le preguntaron:- ¿No escuchaste lo que te decíamos? 

La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más para salir del hoyo. 

 

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